Impertinencias relacionadas con el pensamiento políticamente correcto de periodistas y políticos de las Islas Canarias



22 de septiembre de 2010

Comentario La Gaveta 22/09/2010

Han vuelto a las andadas. Los políticos que se han reunido en Nueva York, en la sede de Naciones Unidas, lo han vuelto a hacer. Braman contra el mundo avanzado porque en el orbe siguen habiendo muchos pobres, mientras nos presentan datos muy singulares. Dicen: ‘con la mitad de lo que gastamos en chucherías en los países civilizados,el hambre desaparecía en los del Tercer Mundo’.Vuelve el juego de la suma cero, una de esas falacias económicas que más éxito han tenido y que casa tan mal con la realidad pero bien con la demagogia desatada de los políticos. Porque hay que ser muy políticopara creer que las hambrunas en África se dan porque nosotros comemos unos ositos de Haribo, o que por cada chupete Kojak que compramos un niño abandona desnutrido este mundo. Hay que ser muy cenutrio para admitir que estas cosas puedan pasar por ciertas mientras debaten sobre cómo evitarlas sujetos tales como Chávez, Mugabe y demás, responsables ellos y no las golosinas,de las penurias de sus pueblos. ¿Es más o menos quelas chuches los que dedicamos a Ayuda al Desarrollo y que cada año terminan en los bolsillos de todos esos cleptócratas que en el mundo hay? Preso de la altivez que le caracteriza, allá fue Rodríguez Zapatero a proponer el bálsamo de Fierabrás con la tasa a las transacciones financieras que deberían pagar los bancos y terminaremos abonando los usuarios. Con el dinero recaudado, dicen, se ayudaría a los países con necesidades aunque quizás querrán decir que son sus gobernantes los beneficados, en esa humillante demostración de una verdad enunciada en su día por Lord Peter Bauer: ‘el dinero de los pobres de los países ricos que termina en el bolsillo de los ricos de los países pobres’.El problema de esa tasa, conocida por el nombre de quien la ideó en 1971, James Tobin, es que estaba pensada para capitales especulativos y no es tan sencillo distinguir aquellos que lo son de los que son productivos. Problemático era y es saber qué importe tendrá ese nuevo impuesto para que satisfaga a tanto tragaldaba pendiente. Problemático sería decidir quien lo tiene que gestionar y si debemos admitir que lo hagan organizaciones tan seriamente cuestionadas el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. Tal es y era su complejidad, que el propio James Tobin renunció a ella y pidió antes de fallecer que no usaran esa idea en su nombre, algo que, evidentemente no consiguió. Y es que, hasta en el Parlamento de las Islas Canarias se debatió una propuesta para su implantación internacional, lo que no quita para que el inmensa mayoría de la cámara no sepa que es la Tasa Tobin, como pudimos comprobar en éste programa el año pasado. Más de lo mismo.

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