Impertinencias relacionadas con el pensamiento políticamente correcto de periodistas y políticos de las Islas Canarias



3 de enero de 2014

Reparto de la riqueza

Comentario en La Gaveta, día 2 de enero de 2014

No es por aguar la fiesta a nadie pero uno no termina de entender qué celebramos exactamente cada inicio de año. Bien está hacer fiesta y encontrar formas distintas de hacer más apacible nuestro tiempo pero convencerse que el año será cómo lo empecemos es poco realista por más que nos llenemos de toda suerte de tradiciones. Pero si reflexiona un segundo, se dará cuenta que primero se tiene que aguantar un discurso de Paulino Rivero, que bien pondría haber sido el del año pasado, o el otro, o el anterior… porque no hay nada original en lo que dice el presidente en su televisión autonómica, esa que le pagamos todos. Por si fuera poco y la cena no se le ha atragantado, es empezar el año y ser todos un poco más pobres, con una subida generalizada de precios regulados e impuestos que resulta sencillamente intolerable. La luz, el transporte público, las tasas aeroportuarias, el combustible, las cotizaciones a la seguridad social, los impuestos que pagan las gafas y las lentillas, ciertos actos notariales y barra libre para que los ayuntamientos puedan subir hasta un 10% el IBI. Los salarios siguen ajustándose, los impuestos hacia arriba sin reparo, con lo que la renta disponible de las familias sigue reduciéndose mientras no lo hace el hiperestado que nos sigue mortificando. 







El Ministro Montoro ya ha dicho que hay que ingresar más, que el ajuste en las plantillas públicas se ha terminado y que el número de asesores y personal enchufado es el adecuado a las necesidades del país, la reforma administrativa está concluida y debemos dar por bueno los supuestos esfuerzos que todos estos parásitos dicen que han hecho. Nuestro bolsillo, estragado hasta un punto de difícil vuelta atrás, es quien lo ha hecho pero no buscamos más consuelo que tratar de recuperar el ahorro perdido que terminó en los bolsillos de tantos buscadores de renta a los que los políticos identifican y compran a cambio de un futuro voto. Es tal el nivel de presión y esfuerzo fiscal, dos conceptos que los técnicos de Hacienda agrupados bajo las siniestras siglas de Gestha no distinguen, que hasta el 50,4% de los votantes de IU creen que lo mejor que le vendría a la economía española sería una rebaja de los impuestos, según una encuesta publicada el miércoles por el periódico El Mundo. Por cierto, en esa misma encuesta hay otro dato igualmente llamativo. Es el grupo de edad que va de los 19 a los 29 años el que cree en mayor medida que la solución pasa por aumentar el gasto público y no bajar los impuestos, que podría interpretarse por el alto paro que sufren los jóvenes, en Canarias casi el 65% entre los menores de 25 años, y que los salarios de los que sí tienen trabajo son más bajos aunque también porque son los que en mayor medida han estado sometidos a una sistemática propaganda que pasaba por alentar el aumento del gasto, subidas de impuestos a los ricos y una eficaz redistribución de la riqueza. Torpezas atribuibles a la enseñanza que reciben pero también a la incomprensible acción de muchos medios de comunicación que apenas reflexionan sobre las cosas que pretenden denunciar. Solo así se puede defender un titular que diga que ‘5.869 canarios mueven el 4% de la riqueza declarada en España’, como si esto por sí mismo constituyese delito alguno y sin detenerse en el pequeño detalle, se ve que sin importancia, de que los canarios somos aproximadamente el 4% del total de habitantes en el país. Pero parte de una premisa ideológica absolutamente detestable que ha contribuido a traernos hasta aquí. Se induce a pensar que la riqueza está dada y que es función de las administraciones buscar mecanismos para repartirla con acuerdos que son presentados siempre como justos, sin entender lo esencial. 

La riqueza obtenida en buena lid surge de la satisfacción de necesidades ciudadanas por parte de los empresarios y sus fortunas son la recompensa a ese descubrimiento de oportunidades que pasaron desapercibidas previamente a otros empresarios, menos perspicaces. Que existan ricos está lejos de ser una mala noticia e incluso que fuesen súper ricos debería alegrarnos porque mostraría que han sido capaces de sacar sus empresas de las limitadas fronteras del archipiélago. Es más, esas personas con enormes patrimonios suelen ser mucho menos sensibles a las amenazas y presiones gubernamentales, lo que explica la permanente referencia como ideal de los políticos y periodistas, cuando no son la misma cosa, a las pequeñas empresas, aquellas sobre las que sí pueden influir y a las que pueden amedrentar. No todas las fortunas se construyen de igual forma, que duda cabe. Hay algunas hechas en base, no al descubrimiento de oportunidades empresariales, sino a la proximidad con el poder del que obtienen privilegios sin cuento y es imposible no aceptar este presupuesto conociendo casos tan destacados como el de Miguel Concepción y Rivero. Pero las soluciones no pasan por seguir satanizando la creación y atesoramiento de riqueza, más bien por la exigencia de pocas reglas, claras y universales para todos y un apartamiento de la política de las áreas que no requieran de su intermediación. 

Mientras se podrá seguir alentando bajas pasiones contra la gente que ha construido legítimos patrimonios, usando a los tontos útiles del sindicato de los técnicos de hacienda, cuatreros dedicados a poner en marcha ventiladores que salpiquen de porquería a todo el mundo, incapaces de distinguir la evasión fiscal (delictiva) de la elusión fiscal (que no solo no es delito, más bien algo que cualquier familia de bien debería hacer para abaratar su factura fiscal de forma legal). Que sigan confundiendo patrimonio vinculándolo al PIB, indicadores que nada tienen que ver entre sí pero que son muy adecuados para seguir señalando a las personas a las que odiar, su única función. O esa diferencia de género absurda, en la que también subrayan que los hombres adinerados del Archipiélago superan en 249 a las mujeres, como si tal cosa pretendiese ser alguna demostración de un error que debería ser corregido por una nueva norma. Decía el periodista Santiago Amón que en España no cabía un tonto más. Se precipitó, desde que nos abandonara en 1988 parece que seguimos sin 'números clausus'. 

No hay comentarios: