Impertinencias relacionadas con el pensamiento políticamente correcto de periodistas y políticos de las Islas Canarias



10 de enero de 2006

Una comisión inservible

Esta tarde comienza su andadura la comisión de investigación sobre los efectos de la tormenta tropical Delta a su paso por Canarias. Bajo la presidencia del socialista Blas Trujillo, la componen otros nueve miembros, tres por cada uno de los principales partidos de la cámara y el restante, perteneciente al Grupo Mixto. Lo llamativo del caso es lo solemne que se ponen sus señorías, como si pudiésemos abrigar alguna esperanza en la validez del instrumento parlamentario. Es más, tal y lo que se ha venido diciendo en los últimos tiempos, los políticos de todos los partidos ya han dictado su particular sentencia: la culpa cabe atribuirse exclusivamente al operador energético que opera en las Islas en régimen de monopolio.

Será un pena si se cumple ese negro presagio, porque perderemos la oportunidad de conseguir varias cosas. La primera y muy saludable: que un gobernante canario puede asumir sin más que ha cometido errores. Pero también hay algo que podríamos lamentar con el paso del tiempo y es dejar pasar la oportunidad de conseguir que ese mercado monopólico se abra a la competencia. No se trata, como ha dicho Adán Martín o alguno de sus portavoces, de romper el status quo actual cediendo la gestión del transporte a Red eléctrica sino de conseguir que cada uno de nosotros podamos elegir entre varios operadores con quien queremos mantener nuestro contrato de suministro eléctrico, tener la libertad de elegir entre Endesa, Gas Natural o Iberdrola, por poner solo ejemplos muy claros. Lo contrario es desvirtuar el debate o dar pábulo a esa peregrina idea que se ha venido comentando desde la tormenta y es que el gobierno pretendería sustituir en nuestra provincia a Unelco por Iberdrola.

Todo lo que no sea progresar en la liberalización será una tomadura de pelo, con unas conclusiones prejuiciosas e infames, en la que no se abordará el asunto de fondo.

Lejos de nosotros el intentar defender a una compañía por la que no sentimos ninguna simpatía: ahora que nadie nos escucha, aprovecho para confesar mi patológica aversión a los monopolios de todo tipo. Pero no sería justo obviar algo muy destacable. La situación del pasado 28-N no se puede atribuir en exclusiva a la empresa. Si alguna culpa tiene ha sido su excesiva pasividad y hasta pasteleo con el gobierno. La línea que va desde Las Caletillas hasta Santa Cruz –una de las más afectadas por el viento- llevaba pendiente de autorización desde hace más de cinco años. Unelco tenía hasta días antes de la tormenta, más de 60 obras pendientes de licencia, sin que nadie mostrara el más mínimo interés por sacarlas adelante, por dinamizarlas y agilizar sus concesión. Con lo anterior se puede colegir que la falta de inversión no es por falta de ganas o necesidad por parte de la compañía sino de la correspondiente autorización gubernativa. Y eso que hay una ley del año 97 sobre la que no se ha avanzado nada de nada en ocho años. De aquellas lluvias, estos lodos.

Es probable que nada de esto se plantee esta tarde y en días sucesivos. Lo importante para nuestros políticos es tener a sus chivos expiatorios, que nadie se plantee donde acaban las culpas de la empresa y donde comienza la de nuestros dirigentes. Y todo ante una mortecina opinión pública que entró al trapo del viciado debate ante la primera cortina de humo lanzada por un insuperable Miguel Zerolo.